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Mostrando las entradas de mayo, 2021

Letrilla satírica

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LETRILLA SATÍRICA   FRANCISCO DE QUEVEDO   La Morena que yo adoro Y más que a mi vida quiero, En Verano toma el acero Y en todos tiempos el oro.   Opilóse, en conclusión, Y levantóse a tomar Acero para gastar Mi hacienda y su opilación. La cuesta de mi bolsón Sube, y nunca menos cuesta; Mala enfermedad es ésta, Si la ingrata que yo adoro Y más que mi vida quiero, En verano toma el acero Y en todos tiempos el oro.   Anda por sanarse a sí, Y anda por dejarme en cueros; Toma acero, y muestra aceros De no dejar blanca en mí. Mi bolsa peligra aquí, Ya en la postrer boqueada; La suya nunca cerrada Para chupar el tesoro De mi florido dinero, Tomando en verano acero Y en todos tiempos el oro.   Es niña que por tomar Madruga antes que amanezca, Porque en mi bolsa anochezca; Que andar tras esto es su andar. De beber se fue a opilar; Chupando se desopila, Mi dinero despabila. El que la dora es Medoro...

Dos cuerpos

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  DOS CUERPOS OCTAVIO PAZ Dos cuerpos frente a frente son a veces dos olas y la noche es océano.   Dos cuerpos frente a frente son a veces dos piedras y la noche desierto.   Dos cuerpos frente a frente son a veces raíces en la noche enlazadas.   Dos cuerpos frente a frente son a veces navajas y la noche relámpago.   Dos cuerpos frente a frente son dos astros que caen en un cielo vacío.

Dos patrias

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DOS PATRIAS   JOSÉ MARTÍ   Dos patrias tengo yo: Cuba y la noche. ¿O son una las dos? No bien retira su majestad el sol, con largos velos y un clavel en la mano, silenciosa Cuba cual viuda triste me aparece. ¡Yo sé cuál es ese clavel sangriento que en la mano le tiembla! Está vacío mi pecho, destrozado está y vacío en donde estaba el corazón. Ya es hora de empezar a morir. La noche es buena para decir adiós. La luz estorba y la palabra humana. El universo habla mejor que el hombre. Cual bandera que invita a batallar, la llama roja de la vela flamea. Las ventanas abro, ya estrecho en mí. Muda, rompiendo las hojas del clavel, como una nube que enturbia el cielo, Cuba, viuda, pasa...

Decálogo del artista

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  DECÁLOGO DEL ARTISTA   GABRIELA MISTRAL I. Amarás la belleza, que es la sombra de Dios sobre el Universo.   II. No hay arte ateo. Aunque no ames al Creador, lo afirmarás creando a su semejanza.   III. No darás la belleza como cebo para los sentidos, sino como el natural alimento del alma.   IV. No te será pretexto para la lujuria ni para la vanidad, sino ejercicio divino.   V. No la buscarás en las ferias ni llevarás tu obra a ellas, porque la Belleza es virgen, y la que está en las ferias no es Ella.   VI. Subirá de tu corazón a tu canto y te habrá purificado a ti el primero.   VII. Tu belleza se llamará también misericordia, y consolará el corazón de los hombres.   VIII. Darás tu obra como se da un hijo: restando sangre de tu corazón.   IX. No te será la belleza opio adormecedor, sino vino generoso que te encienda para la acción, pues si dejas de ser hombre o mujer, dejarás de ser artista.   ...

Algunas bestias

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ALGUNAS BESTIAS   PABLO NERUDA   Era el crepúsculo de la iguana.   Desde la arcoirisada crestería su lengua como un dardo se hundía en la verdura, el hormiguero monacal pisaba con melodioso pie la selva, el guanaco fino como el oxígeno en las anchas alturas pardas iba calzando botas de oro, mientras la llama abría cándidos ojos en la delicadeza del mundo lleno de rocío. Los monos trenzaban un hilo interminablemente erótico en las riberas de la aurora, derribando muros de polen y espantando el vuelo violeta de las mariposas de Muzo. Era la noche de los caimanes, la noche pura y pululante de hocicos saliendo del légamo, y de las ciénagas soñolientas un ruido opaco de armaduras volvía al origen terrestre. El jaguar tocaba las hojas con su ausencia fosforescente, el puma corre en el ramaje como el fuego devorador mientras arden en él los ojos alcohólicos de la selva. Los tejones rascan los pies del río, husmean...

Dolor

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DOLOR   ALFONSINA STORNI   Quisiera esta tarde divina de octubre pasear por la orilla lejana del mar; que la arena de oro, y las aguas verdes, y los cielos puros me vieran pasar.   Ser alta, soberbia, perfecta, quisiera, como una romana, para concordar con las grandes olas, y las rocas muertas y las anchas playas que ciñen el mar.   Con el paso lento, y los ojos fríos y la boca muda, dejarme llevar; ver cómo se rompen las olas azules contra los granitos y no parpadear; ver cómo las aves rapaces se comen los peces pequeños y no despertar; pensar que pudieran las frágiles barcas hundirse en las aguas y no suspirar; ver que se adelanta, la garganta al aire, el hombre más bello, no desear amar...   Perder la mirada, distraídamente, perderla y que nunca la vuelva a encontrar: y, figura erguida, entre cielo y playa, sentirme el olvido perenne del mar.

Vanidad

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  VANIDAD EDUARDO LIENDO Todo comenzó por aquel tedioso aprendizaje del alfabeto. Quizás, entonces, el mal era curable. Estaba en la epidermis. Más tarde vino la irresponsable lectura de suplementos, aquellas interminables aventuras de El caballero del antifaz y, poco después, Tarzán de los monos, Las aventuras de Tom Sawyer, El conde de Montecristo, y otras obras por el estilo. Sin embargo, no era un niño anormal. Hubo un paréntesis en la adolescencia que hizo pensar en mi completo restablecimiento, pero por algún accidente desgraciado, la perniciosa manía se intensificó; vino la época de la nefasta familiaridad con biografías, novelas, novelines, folletones, poemarios, periódicos, diccionarios, cuentos malvados y demás formas tramposas de subyugar el alma.   Todavía existía una relación equilibrada: medio tiempo para vivir y medio tiempo para leer. Pensé, erróneamente, que el matrimonio restablecería plenamente mis necesidades existenciales y superaría ese espantoso vi...

Hogar destruido

HOGAR DESTRUIDO   LUIS FERNANDO VERÍSSIMO   José y María llevaban 20 años de casados y eran muy felices el uno con el otro. Tan felices que un día, en la cena, la hija mayor les reclamó:   —     ¿Ustedes nunca pelean?   José y María se entremiraron. José le respondió: —     No hija mía, tu mamá y yo no peleamos.   —     ¿Nunca pelearon? —quiso saber Víctor, el hijo del medio. —     Claro que hemos peleado. Pero siempre hicimos las paces.   —     En realidad peleas, lo que se dice peleas, nunca tuvimos. Desentendimientos, como todo el mundo. Pero siempre nos hemos llevado muy bien... —     Cosa más aburrida —dijo Venancinho, el menor. Vera, la hija mayor, tenía una amiga, Nora, que la fascinaba con las historias de su casa. Los padres de Nora vivían peleando. Un drama. Nora le contaba todo a Vera. A veces lloraba. Vera consolaba a su amiga. Pero en el fondo ...

Nubes en el cielo

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NUBES EN EL CIELO   ARMANDO JOSÉ SEQUERA   Donde Pedro vivía no llegaba el agua por tuberías. Era un lugar muy alto en la montaña. Tan alto que al pueblo lo llamaban El Cielo. El nombre era irónico: en El Cielo había mucha pobreza y demasiado frío. Nada de la calidez celestial que creemos hay en ese oasis que llamamos Paraíso. La neblina envolvía a El Cielo por las tardes, las noches y las primeras horas del día como un abrigo pero, en vez de rechazar al frío, era ella quien lo llevaba. Pese a las bajas temperaturas, sus habitantes debían levantarse tempranito para acarrear agua desde cientos de metros más abajo, donde el líquido formaba un manantial. Un sábado, habiendo amanecido Pedro con sus padres en la calurosa ciudad entre la montaña y el mar, vio que de los aparatos de aire acondicionado que había en las casas y apartamentos brotaban gotas de agua. Estas gotas corrían por mangueras y formaban charcos en el suelo. Charcos grandes o pequeños, según el tiempo...

El castillo de caramelo

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EL CASTILLO DE CARAMELO LUCILA PALACIOS   La mano blanca, la mano femenina ha tratado de salvar el castillo de azúcar. Sobre las almenas acarameladas, con apariencia de encaje, hay un soldado de porcelana. La torta de tres pisos, es tan clara, que copia las últimas luces de la fiesta. Situada como una isla, en el centro de una gran jofaina llena de agua, con su aspecto de fortaleza parece resistir el asedio de las hormigas. Esas hormigas inquietantes que olfatean la golosina desde su mundo subterráneo.   A través del túnel que abre paso a ese mundo desde el fondo de la tierra, no se acierta a descubrir la silueta de la mujer que burla el intento goloso. ¡Es tan alta, tan espigada del suelo, que los pequeños ojos no la abarcan en toda su extensión! Piensan en ella como en algo superior a las fuerzas de todo el hormiguero formado por millares de trabajadores y de guerreros de rubia coraza.   Y espían la hora de la sombra para hurgar en torno de la mesa donde hubo ...

El collar

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EL COLLAR   GUY DE MAUPASSANT   Era una de esas hermosas y encantadoras criaturas nacidas como por un error del destino en una familia de empleados. Carecía de dote y no tenía esperanzas de cambiar de posición; no disponía de ningún medio para ser conocida, comprendida, querida, para encontrar un esposo rico y distinguido; y aceptó entonces casarse con un modesto empleado del Ministerio de Instrucción Pública. No pudiendo adornarse, fue sencilla, pero desgraciada, como una mujer obligada por la suerte a vivir en una esfera inferior a la que le corresponde. Sufría constantemente, sintiéndose nacida para todas las delicadezas y todos los lujos. Sufría contemplando la pobreza de su hogar, la miseria de las paredes, sus estropeadas sillas, su fea indumentaria. Todas estas cosas, en las cuales ni siquiera habría reparado ninguna otra mujer de su casa, la torturaban y la llenaban de indignación. Pensaba en los grandes salones colgados de sedas antiguas, en los finos muebles ...

Samuel

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SAMUEL ORLANDO ARAUJO   Cuando yo tenía ocho años, Samuel tenía diez, y fuimos amigos cuando yo tuve trece y él quince. Se enamoró de una hermana mía y como éramos amigos yo lo ayudaba a escribir cartas de amor y compartía la lectura de todas las respuestas. Leímos juntos Los Tres Mosqueteros. Él se hizo Aramís y yo fui D´Artagnan. Cuando luché con un grandote, ya Samuel me había enseñado a vencer; y cuando me enamoré por primerita vez, él me avisó de los primeros desengaños. Tuvo paciencia para dirigirme en el arte más difícil: cómo cruzar a nado un río andino. Se deslizaba por el fondo si la corriente era violenta, y levantaba la cabeza y braceaba de pecho en la inestable ocasión de los remansos. Ahora no sé si era tan alto como entonces lo veía, pero sé que era fuerte, que tenía color de guayaba, y hombros y pecho y contextura de afrecho. No sé si era valiente, y creo que algunas veces tuvo miedo, pero jamás lo vi retroceder. En todo caso, no soy disecador de héroes. S...

Anansi, el tigre y la cabra

  ANANSI, EL TIGRE Y LA CABRA PAMELA MILKE-HOUSE Una vez Anansi (la araña), el tigre y la cabra, con sus hijos, fueron a vivir juntos en una casa. Anansi habitaba en los altos, el tigre en el piso intermedio y la cabra en la planta baja. Por ­ n, un día empezaron a reñir. El tigre dijo que la araña levantaba polvo, que la cabra hacía barro, y que quería la casa entera para él. La cabra dijo que se marchaba, y Anansi que la acompañaba. Y se pusieron en camino. Cuando ya estaban lejos, oyeron atrás de ella al tigre, que venía gritando: - Groum, groum, groum… Ellas se apresuraron y llegaron a los márgenes de un río, donde había una gran cantidad de piedras blancas, en la orilla. Anansi transformó a la cabra y sus hijitos en piedras blancas, y las arrojó, una a una, al otro lado del río. Y así que las piedras tocaban el suelo, se iban transformando otra vez en cabras y cabritos que echaban a correr por los bosques. Pero el tigre se acercaba cada vez más.   - Groum, groum...

Juya

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  JUYA GUSTAVO PEREIRA Cerca del Talwayuuupana, en la Alta Guajira colombo-venezolana, de noche, cuando la oscuridad destaja las colinas y los cactus se elevan como duendes desnudos brillando bajo las estrellas, se ven los relámpagos y los fuegos fatuos de Keerraliee. El resplandor ilumina a intervalos la tierra calcinada, entre cuyos agujeros se esconden los lagartos y las iguanas yalamuna que impiden la lluvia y habitan los cardonales. Durante la sequía, cuando el hambre y la canícula castigan sin piedad el territorio wayúu y los costillales de los animales suenan como flautas rotas con el viento, los hombres de la nación goajira se reúnen y tapan los agujeros de las iguanas yalamuna. Entonces beben újolu, la chicha o mazamorra, y se dan al yónna (baile) para invocar la lluvia. Algunas veces, luego de tanto danzar, la lluvia aparece uno, dos, tres días después. Entonces la nación wayúu toca el talírai, su pequeño violín mágico, y da las gracias a Juyá, el invierno. Pero...