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Mostrando las entradas de noviembre, 2020

El ordenador y yo

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El ordenador y yo   Eduardo Galeano   No bien llegué a territorio norteamericano, me acerqué a un ordenador y pulsé la tecla  Quejas.  Mis viejas convicciones antiimperialistas me impulsaron a protestar contra el muro que Estados Unidos está levantando en la frontera con México. Yo creía que esa vasta pared de acero se proponía impedir la libre circulación de las personas, al mismo tiempo que el Tratado de Libre Comercio aseguraba la libre circulación del dinero, y eso no me parecía bien. Pero el ordenador despejó la confusión de mi espíritu:-No es un muro -explicó- Es una obra de arte. Un gigantesco monumento que se erige en memoria de los mártires del oprobioso muro de Berlín. Entonces pulsé la tecla  Dudas.  Se me ocurrió plantear el caso de las leyes contra los inmigrantes. Leyes ya aprobadas, como la 187 de California, que suprime los derechos de los inmigrantes ilegales, y leyes anunciadas, como las que amenazan suprimir también los derechos de lo...

La ratoncita presumida

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  La ratoncita presumida   Aquiles Nazoa Hace ya bastantes años, doscientos años tal vez, por escapar de los gatos y de las trampas también, unos buenos ratoncitos se colaron en un tren y a los campos  se marcharon para nunca más volver.   Andando, andando y andando llegaron por fin al pie de una montaña llamada la montaña Yo-no-sé, y entonces dijo el más grande: lo que debemos hacer es abrir aquí una cueva y quedarnos de una vez porque como aquí no hay gatos aquí viviremos bien. Trabaja que te trabaja tras de roer y roer agujereando las cuevas se pasaron más de un mes hasta que una hermosa cueva lograron por fin hacer con kioskos, jardín y gradas como si fuera un chalet. Había entre los ratones que allí nacieron después una ratica más linda que la rosa y el clavel. Su nombre no era ratona como tal vez supondréis, pues la llamaban Hortensia que es un nombre de mujer. Y era tan linda, tan linda que parecía más bien una violeta pintada por un niño japonés: ...

And still I rise (A pesar de todo me levanto)

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A pesar de todo me levanto ("And still I rise")   Maya Angelou     Tú puedes escribirme en la historia con tus amargas, torcidas mentiras, puedes arrojarme al fango y aun así, como el polvo… yo me levanto.   ¿Mi descaro te molesta? ¿Por qué estás ahí quieto, apesadumbrado? Porque camino como si fuera dueña de pozos petroleros, bombeando en la sala de mi casa.   Como lunas y como soles, con la certeza de las mareas, como las esperanzas brincando alto. Así, yo me levanto.   ¿Me quieres ver destrozada? Con la cabeza agachada y los ojos bajos, los hombros caídos como lágrimas, debilitados por mi llanto desconsolado.   ¿Mi arrogancia te ofende? No te tomes tan a pecho que yo ría como si tuviera minas de oro, excavándose en el mismo patio de mi casa.   Puedes dispararme con tus palabras, puedes herirme con tus ojos, puedes matarme con tu odio, y aun así, como el aire, yo me levanto.   ...

Un chocolate muy especial

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Un Chocolate Muy especial   Eva María Riber   Mami, mami, hoy llegó una niña nueva a la escuela.   - Qué bien cariño, ¿Jugaste con ella?   - No mami, la mordí.   ¿La mordiste? pero, ¿por qué lo hiciste?, la niña nueva estará muy triste.   - Mami, yo quería probarla.   - ¿Probarla?   - Si mami, la niña nueva es de chocolate y otros niños la llamaron negra.   - ¿De chocolate?, ¿Negra? ¡Oh! Cariño ya entiendo. Ven, acércate, siéntate junto a mí, quiero contarte una historia...   Mira, hace muchos años, en un país muy lejano, existía una pequeña aldea en la que sus habitantes vivían muy tristes porque el Sol cada día brillaba tan fuerte que solo les quedaba la noche para poder salir fuera de sus casas. Los niños no podían ir a la escuela, los papás no podían ir al trabajo...   - Pero mami, hoy también brillaba el Sol fuerte y fuimos a la escuela...   - Tienes razón cariño, pero fíjate, escucha...   En a...

El día del silencio

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El día del silencio Pedro Pablo Sacristán   Regal no podía oír nada. Era un niño normal en todo, pero había nacido sordo. Era muy famoso en el pueblo, y todos le trataban con mucho cariño, pero a la hora de la verdad, no le tenían muy en cuenta para muchas cosas. Los niños pensaban que podría hacerse daño, o que no reaccionaría rápido durante un juego sin oír la pelota, y los adultos actuaban como si no fuera capaz de entenderles, casi como si hablaran con un bebé. A Regal no le gustaba mucho esto, pero mucho menos aún a su amigo Manuel, que un día decidió que aquello tenía que cambiar. Y como Manuel era el hijo del alcalde, convenció a su padre para que aquel año, en honor de Regal, dedicaran un día de las fiestas a quienes no pueden oír, y durante 24 horas todos llevaran unos tapones en los oídos con los que no se pudiera oír nada.   La idea fue muy bien recibida, porque todos querían mucho a Regal, que durante las semanas previas a las fiestas tuvo que aguantar bastantes ...

Carta de Bolívar al Congreso de Colombia

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Carta de Bolívar al Congreso de Colombia Simón Bolívar   Excelentísimo señor Presidente del Congreso: LLAMADO POR V. E. PARA VENIR A prestar el juramento como presidente del Estado, tengo la honra de decir a V. E. que he obedecido con gratitud a la voluntad del Congreso general. Pero V. E. tendrá la bondad de cometer a su sabiduría las siguientes consideraciones, antes de obligarme a aceptar un destino que tantas veces he renunciado. Cuando las calamidades públicas me pusieron las armas en la mano para libertar a mi patria, yo no consulté mis fuerzas ni mis talentos. Cedí a la desesperación del espectáculo de horror que ofrecía ella en cadenas; y poniéndome a la cabeza de las empresas militares, que han continuado la lucha por más de once años, no fue con ánimo de encargarme del gobierno, sino con la ­ firme resolución de no ejercerlo jamás. Yo juré en el fondo de mi corazón no ser más que un soldado; servir solamente en la guerra, y ser en la paz un ciudadano. Pronto a sacr...

El aventurero

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El AVENTURERO IGOR DELGADO SÉNIOR        La tarde es de fiesta y el sol augura un cálido tiempo para que todo brille como aceros templados. En el redondel se mezclan muchos dolores intrínsecos, porque la muerte siempre está de por medio. Hace años, mi padre cayó en esa procelosa circunferencia, aunque no sin aplausos. Es lástima que la consagración venga después de la derrota. Hay que resignarse.       Del viejo conservo los más puros recuerdos. Puedo ver sus ojos –como si fuera en este instante– penetrando en cada punto de vida. Pretendió sabiduría en el recuerdo, pero otras astucias fueron más poderosas. Afortunadamente, no presencié su fracaso, tampoco mi madre ni mis pequeños hermanos. Pese a que hemos sido educados para los terrores festivos, no nos acostumbramos a perder a uno de los nuestros. Mi padre fue un gigante en ternura y severidad, y su fortaleza de ánimo nos permitió sobrevivir. Por eso hoy, ante el despiadado torneo, me encomiendo ...

El abuelo, la cesta y el mar

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EL ABUELO, LA CESTA Y EL MAR Elizabeth Shön      Escarbaba la arena para que saliera uno de esos cangrejos que tanto me gustan. El abuelo, que siempre me señala la semejanza que hay entre lo que le ocurre a las cosas de la naturaleza y la manera en que se desenvuelven mis sentimientos, dijo:        –Ten paciencia y no escarbes tanto, él saldrá solo.        Como había olvidado esa palabra: paciencia, le pregunté qué significaba tener paciencia.        Me tomó entre sus brazos y, viéndome a los ojos y con una sonrisa muy tierna, me respondió: – Tener paciencia es saber mirar cómo en la siembra se van abriendo los frutos lentamente y sin más prisa que la de la intensidad de los rayos del sol cuando caen sobre el mar.         Dejé de escarbar. Aguardé. Con gran asombro vi que, al cabo de unos minutos, el cangrejo salía espontáneamente de la arena y, sin que yo interviniese, se metía dentro de mi...

Pequeña historia de la arepa

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PEQUEÑA HISTORIA DE LA AREPA   Mariano Picón Salas      La palabra “arepa” procede del cumanagoto “erepa”, que en dicho idioma Caribe era nombre genérico del maíz. Pero el uso de esta especie de pan en forma de disco, que hoy es unánime providencia de toda mesa venezolana, debe ser tan antiguo como la “cultura arcaica del maíz” que se extendió por toda América no menos de cinco milenios antes que aparecieran en el continente los primeros europeos. [...]        Y en todas las mitologías indígenas, en las leyendas cosmogónicas del Popol Vuh, libro sagrado de los mayas; en el culto azteca del dios Cinteotl y de la diosa Xilonen, en las más diversas tradiciones y ritos, desde Norteamérica hasta Chile, los aborígenes veían en la dorada y nívea mazorca la más benévola y útil ofrenda que los dioses hicieron a los hombres. Sólo la palma moriche en las leyendas de nuestra Guayana compite mitológicamente con el maíz su calidad de extraordinaria dádiva cel...

El diente roto

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EL DIENTE ROTO PEDRO EMILIO COLL      A los doce años, combatiendo Juan Peña con unos granujas, recibió un guijarro sobre un diente; la sangre corrió lavándole el sucio de la cara, y el diente se partió en forma de sierra.       Desde ese día principia la edad de oro de Juan Peña.        Con la punta de la lengua, Juan tentaba sin cesar el diente roto; el cuerpo inmóvil, vaga la mirada sin pensar. Así de alborotador y pendenciero, tórnese en callado y tranquilo.      Los padres de Juan, hartos de escuchar quejas de los vecinos y transeúntes víctimas de las perversidades del chico, y que habían agotado toda clase de reprimendas y castigos, estaban ahora estupefactos y angustiados con la súbita transformación de Juan.        Juan no chistaba y permanecía horas enteras en actitud hierática, como en éxtasis, mientras, allá adentro, en la oscuridad de la boca cerrada, su lengua acariciaba el die...