El abuelo, la cesta y el mar

EL ABUELO, LA CESTA Y EL MAR

Elizabeth Shön



    Escarbaba la arena para que saliera uno de esos cangrejos que tanto me gustan. El abuelo, que siempre me señala la semejanza que hay entre lo que le ocurre a las cosas de la naturaleza y la manera en que se desenvuelven mis sentimientos, dijo:

      –Ten paciencia y no escarbes tanto, él saldrá solo.

      Como había olvidado esa palabra: paciencia, le pregunté qué significaba tener paciencia.

      Me tomó entre sus brazos y, viéndome a los ojos y con una sonrisa muy tierna, me respondió: – Tener paciencia es saber mirar cómo en la siembra se van abriendo los frutos lentamente y sin más prisa que la de la intensidad de los rayos del sol cuando caen sobre el mar.

      Dejé de escarbar. Aguardé. Con gran asombro vi que, al cabo de unos minutos, el cangrejo salía espontáneamente de la arena y, sin que yo interviniese, se metía dentro de mi cesta.

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