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Mostrando las entradas de enero, 2021

Bajo el signo del Ávila

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  Bajo el signo del Ávila   Aníbal nazoa Creo que fue Aaron Copland quien dijo «si existe un sonido más bello que el de cuatro cornos tocando al unísono, yo no lo he oído». Imitando al gran compositor norteamericano se puede decir que «si existe un paisaje más hermoso que el del Ávila en febrero, yo no lo he visto». Cómo se puede decir sin imitar a nadie, que no existe en el mundo ciudad alguna que cuente con un monte guardián tan maravilloso, ni siquiera comparable al Ávila de Caracas. La belleza majestuosa del Ávila es privilegio de Caracas todo el año, todo el día y a toda hora, pero lo es en especial durante los meses de diciembre a febrero, particularmente en este último. En febrero el valle de Caracas compite con el Anáhuac por el título de la región más transparente del aire. En esta temporada la poesía es más fuerte que los reales de los señores contaminadores que compran concejales y venden jaulas-edificios para presos voluntarios, y entonces el Ávila se crece fre...

Tratado de la envidia

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Tratado de la envidia Esmeralda torres   Tal vez le sorprenda recibir esta carta mía sin la intermediación de los editores pues no es común que los correctores nos escribamos con los autores consagrados, con los mimados de la editorial. Le ofrezco mis excusas pero en esta oportunidad es necesario que le escriba. A lo largo de estos años he tenido la exclusividad de corregir sus textos y puedo decir que conozco mejor que nadie su trabajo tan alabado por estos días, luego del premio internacional de novela que acaba de recibir. Déjeme decirle que he admirado su escritura desde el día que llegó a mis manos su primer manuscrito y he sido yo quien ha solicitado luego de ello que me sean asignados todos sus libros. Algo de Responsabilidad y pericia en el oficio me lo garantizó y no la voy a engañar, también mediaron las buenas relaciones con el editor. Nostalgia por lo gris me impresionó y la considero su obra más lograda, sin desconocer un destacado valor en sus libros anteriores: Día...

Las piernas del blue-jeans

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  Las piernas del blue-jeans Laura antillano Ahí las cuerdas con la ropa recién lavada, ahí mi blue-jeans esperando los rayos solares, aquí, en este patio con este adiós. La abuela dijo: - Igualita que en su Primera Comunión, “igualita…” y nos asustamos: hacía tiempo que sólo levantaba la manguera y nos regaba a todos como si fuéramos flores, pero de golpe tiene lúcida mirada y sabe que yo soy Ana y mi hermana Beatriz, y que ella es la abuela… Pero no: después que dijo – Igualita que en su Primera Comunión, se volvió al patio, para regar a los vecinos con la manguera. Mamá me trata como si fuera a morirme: - En unos años más y ya este corte princesa no enseñará ninguna cintura de avispa y me mira triste… Entonces me vengo al patio y ahí están mis blue-jeans en las cuerdas, como si no se dieran cuenta de nada, levantando las piernas a cada volar del viento, y azules como el mar azul, azul fuerte de tela dura para lavar. El ruchadito del vestido me molesta, mamá está feliz co...

El pequeño nazareno

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  El pequeño nazareno Julio garmendia El miércoles santo, el pequeño Nazareno de túnica morada y grueso cordón blanco, a nudos, bien ceñido alrededor de la cintura, sube —o debería subir— entre papá y mamá, por la calle que conduce a la iglesia del Nazareno. Pero no está dando pruebas, en absoluto, de aquella nazarena paciencia y resignación correspondientes al personaje y a la indumentaria que le han sido asignados. Todo lo contrario, demuestra un verdadero humor de perros —un humor como pocas veces se habrá visto en un Nazareno en miércoles santo—; rezonga y lloriquea, y en vez de seguir a papá y mamá dócilmente, se hace halar, y otras veces empujar, por uno de ellos dos. Intentan ambos convencerlo, le ruegan, lo halagan, le prometen recompensas para luego, para un poco más tarde, cuando ya la visita al templo haya sido hecha, la devoción cumplida, y la promesa, pagada, de acuerdo con los términos del devoto convenio celebrado entre ellos y el Nazareno de los milagros. El peq...

La hora menguada

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LA HORA MENGUADA   RÓMULO GALLEGOS   ¡Qué horror! ¡Qué horror!   Clamaba Enriqueta, con las manos sobre las sienes consumidas por el sufrimiento, paseándose de un extremo a otro de la sala, impregnada todavía del dulce y pastoso aroma de nardos y azucenas del mortuorio reciente. Ya me lo decía el corazón. No era natural que tú te desesperaras tanto por la muerte de Adolfo. Si parecía que eras tú la viuda y no yo. ¡Y yo tan ciega, tan cándida! ¿Cómo es posible que no me hubiera dado cuenta de lo que estaba pasando? ¡Traicionada por mi propia hermana, en mi propia casa! Amelia la oía sin protestar. Tenía el aire estúpido de un alelamiento doloroso; sus ojos, que un leve estrabismo bañaba de languidez y dulzura, encarnizados por el llanto y por el insomnio, seguían el ir y venir de la hermana con esa distraída persistencia del idiotismo. Parecía abrumada por el horror de su culpa; pero no reflexionaba sobre ella; ni siquiera pensaba en el infortunio que había caí...

Cirilo y el doctor

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  Cirilo y el doctor María Eugenia mayobre No, doctor, y me va a perdonar que le lleve la contraria a usted que es el que sabe, pero mi muchacho claro que está loco. Fíjese que cuando nació, no sólo mi mujer y yo, también la partera pensó que algo raro tenía ese bebé, porque le pegó y le pegó y Elisandro nada que lloró. Yo creo que por culpa de ese llanto que nunca llegó se me murió mi Maria Auxiliadora. De agotamiento, doctor, de purito agotamiento. La pobre pasó toda la infancia del muchacho sin poder dormir como se debe, porque como el llanto no avisaba, la única manera de saber si Elisandro tenía hambre, si había que cambiarle el pañal o si estaba enfermo, era quedándose a su lado día y noche porque lo que es una queja, hasta el sol de hoy nadie le ha oído. Al principio nos decía la gente que esa era una bendición del cielo, un niño que no se queja, un muchacho que no llora, pero esa misma gente fue la que lo empezó a ver como un bicho raro. Mire, mi doctor, yo sé que lo qu...

No hagas tratos con la mafia

  NO HAGAS TRATOS CON LA MAFIA ANA GARCÍA JULIO Los dejaron a sus anchas en el jardín. Luego vino esa cosa larga y escamosa arrastrándose penosamente sobre su vientre (algunas versiones señalan que en aquel entonces tenía patas, pero esto es dudoso, porque una serpiente con patas ya no sería una serpiente. Preferimos pensar que se trataba de una cosa, un animal al que ni Dios ni los hombres habían dado nombre y que luego devino en serpiente). Como pudo, se encaramó en un árbol frondoso, un manzano que sobresalía sospechosamente en el centro del jardín, y les hizo señas para que se acercaran. El hombre   (que estaba rascándose la barriga como de costumbre y mirando la música que brotaba de los árboles) pensó que la cosa se dirigía a él y se dispuso a acudir a su encuentro, pero la mujer lo detuvo con un sonsonete prepotente: ¿A dónde crees que vas?, le dijo. A hablar con el forastero, repuso el hombre como si tal. ¡Te prohíbo terminantemente que hables con eso!  Ch...

La historia de un caballo que era bien bonito

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LA HISTORIA DE UN CABALLO QUE ERA BIEN BONITO   AQUILES NAZOA   Yo conocí un caballo que se alimentaba de jardines. Todos estábamos muy contentos con esa costumbre del caballo; y el caballo también porque como se alimentaba de jardines, cuando uno le miraba los ojos las cosas se veían de todos los colores en los ojos del caballo.   Al caballo también le gustaba mirarlo a uno con sus ojos de colores, y lo mejor del asunto es que con los ojos de ese caballo que comía jardines se veían todas las cosas que el caballo veía, pero claro que más bonitas, porque se veían como si tuvieran siete años. Yo a veces esperaba que el caballo estuviera viendo para donde estaba mi escuela. Él entendía la cosa y miraba para allá, y entonces mi hermana Elba y yo nos íbamos para la escuela a través de los ojos del caballo.   ¡Qué caballo tan agradable!   A nosotros cuando más nos gustaba verlo era aquellos domingos por la mañana que estaban tocando la retreta y ese caba...

Las casas al revés

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LAS CASAS AL REVÉS ORLANDO ARAUJO La niebla se queda siempre arriba, pero baja el agua y desciende la neblina y envueltos en ella viven parameños silenciosos y bueyes con barbas. Vienen del frailejón hasta el café como empujados; y con todas las fuerzas se prenden de aquella tierra que cae verticalmente sobre el llano. Y así empujados desde arriba, vomitados por la niebla y perseguidos por cosas horrendas que esa misma niebla oculta, van a construir sus casas en las calderas que forman las montañas, y las harán con las puertas hacia el páramo, al revés de como llegaron y de espaldas al llano, como si el solo mirar les diera grima. Las casas resbalan con el tiempo y entonces las vuelven a construir siguiendo la vertiente del primer arañazo, a jornada completa unas de otras, porque son gente solitaria de nacimiento y callada por vocación, sólo que como las levantan en paredes de montañas que forman cuenco, terminan por juntarse y hacer pueblo, allá abajo. El pueblo para dormir y es...