El dueño del sol y el motivo de su caminar despacio

 El dueño del sol y el motivo de su caminar despacio

 Carmela Bentivenga de Napolitano



Hubo un tiempo “al principio”, en que el sol no alumbraba; pues un hombre dueño de él, lo tenía escondido en una bolsa, y ese hombre vivía en las nubes, hacia el oriente.

Supo un indio que ese hombre tenía el sol escondido y le envió a su hija para decirle que lo sacara y lo pusiera en el cielo a fin de que alumbrase a todos los hombres.

Cuando la india iba por el camino, le salió al encuentro un joven que la detuvo mucho tiempo y hasta llegó a faltarle el respeto, pero ella siguió su camino y llegó hasta donde estaba el dueño del sol y le dio el encargo de su padre. Él, sin embargo, no dio crédito a las palabras de la india, y después de haberle faltado a la consideración debida, la despidió, regresando ella a la casa de su padre sin haber conseguido nada.

Cuando contó a su padre los percances del camino, no sólo no desistió de su empeño, sino que mandó a su hija menor con el mismo encargo.

Fue la muchacha hacia el oriente y aunque nadie salió a molestarla en el camino, cuando llegó a la casa del dueño del sol, fue molestada por él, lo mismo que a su hermana En vista de que nada conseguía, antes de regresar, le dijo resuelta: ¿Por fin no vas a descubrir al sol?

Al tiempo que esto decía, vio una envoltura o bolsa rara colgada en la pared de la casa… Al notar el dueño del sol que la india miraba con mucha atención, le dijo con mucho interés: –No toques eso. En el modo de hablar de aquel hombre, entendió la india que allí tenía al sol escondido y, sin hacer caso, con mucha rapidez rasgó de un tirón aquella gran bolsa y empezaron a extenderse por todas partes los rayos del sol.

Cuando el hombre vio que la muchacha había descubierto su secreto, puso al sol hacia el oriente y mandó a colgar la bolsa hacia el poniente. Con la luz que le daba el sol, brillaba ella también y quedó convertida en luna.

La india regresó a casa de su padre y le contó cómo había logrado descubrir al sol. Ambos lo estaban contemplando y a las tres horas se escondió.

Viendo el indio que apenas había alumbrado el sol por espacio de tres horas, llamó a su hija y le dijo: 

- Vete otra vez al oriente y esperas allí al sol -

Cuando vaya a salir mañana, le amarras por detrás un morrocoy para que vaya más despacio.

Salió la india de su casa, llevando un morrocoy en la mano. Cuando a la mañana siguiente iba a salir el sol, se lo amarró por detrás y no tuvo otro remedio que caminar más despacio, tardando aquel día en hacer su recorrido como unas doces horas.

Desde entonces, el día dura doce horas y desde esa fecha hay Sol y Luna.

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