El día del silencio
Pedro Pablo Sacristán
Regal no podía oír nada. Era un
niño normal en todo, pero había nacido sordo. Era muy famoso en el pueblo, y
todos le trataban con mucho cariño, pero a la hora de la verdad, no le tenían
muy en cuenta para muchas cosas. Los niños pensaban que podría hacerse daño, o
que no reaccionaría rápido durante un juego sin oír la pelota, y los adultos
actuaban como si no fuera capaz de entenderles, casi como si hablaran con un
bebé. A Regal no le gustaba mucho esto, pero mucho menos aún a su amigo Manuel,
que un día decidió que aquello tenía que cambiar. Y como Manuel era el hijo del
alcalde, convenció a su padre para que aquel año, en honor de Regal, dedicaran
un día de las fiestas a quienes no pueden oír, y durante 24 horas todos
llevaran unos tapones en los oídos con los que no se pudiera oír nada.
La idea fue muy bien recibida,
porque todos querían mucho a Regal, que durante las semanas previas a las
fiestas tuvo que aguantar bastantes miradas de lástima y sonrisas compasivas. Y
el Día del Silencio, como así lo llamaron, todos fueron a ponerse sus tapones
con gran fiesta y alegría. La mañana estuvo llena de chistes, bromas y risas,
pero según fueron pasando las horas, todos comenzaron a ser conscientes de las
dificultades que tenían al no poder oír. Pero todo lo que aprendieron sobre lo
difícil que era vivir así, no fue nada comparado con el gran descubrimiento del
día: ¡Regal era un fenómeno! Como resultaba que ya nadie se fijaba en su
sordera, aquel día Regal pudo jugar a todo como cualquier niño, y resultó que
era buenísimo a casi todo. Y no sólo eso; Regal tenía una mente clara y ágil y
aquel día como nadie tenía la prisa habitual todos pudieron atender a Regal,
que era quien mejor se expresaba por gestos. Y todos quedaron sorprendidos de
su inteligencia y creatividad, y su facilidad para inventar soluciones a casi
cualquier problema. Y se dieron cuenta de que siempre había sido así, y que lo
único que necesitaba Regal era un poco más de tiempo para expresarse bien.
Así que el Día del Silencio fue el del gran
descubrimiento de Regal, y de que había que dar a todos la oportunidad de
demostrar lo que valían. Y para que otros aprendieran la misma lección, desde
aquel día, cada vez que alguien visitaba el pueblo le recibían con gran
alegría, poniéndole un gran gorro con el que no se podía oír nada.
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