Hogar destruido
HOGAR
DESTRUIDO
LUIS FERNANDO VERÍSSIMO
José y María
llevaban 20 años de casados y eran muy felices el uno con el otro. Tan felices
que un día, en la cena, la hija mayor les reclamó:
— Claro que hemos peleado. Pero siempre hicimos las paces.
— Cosa más aburrida —dijo Venancinho, el menor.
Vera, la hija mayor, tenía una amiga, Nora, que la fascinaba con las historias de su casa. Los padres de Nora vivían peleando. Un drama. Nora le contaba todo a Vera. A veces lloraba. Vera consolaba a su amiga. Pero en el fondo le tenía cierta envidia. Nora era infeliz. Debía ser genial ser así de infeliz. El sueño de Vera era tener un problema en casa para poder ser rebelde como Nora. Tener ojeras como Nora.
Víctor, el hijo del medio, frecuentaba mucho la casa de Sergio, su mejor amigo. Los padres de Sergio estaban separados. El padre de Sergio tenía un día determinado para salir con él. Domingo. Iban al parque de diversiones, al cine, al fútbol, El padre de Sergio estaba saliendo con una muchacha que hacía teatro. Y la madre de Sergio estaba saliendo con un señor muy amable que siempre le llevaba regalos a Sergio. El sueño de Víctor era ser hermano de Sergio.
Venancinho, el hijo menor, también tenía amigos con problemas en casa. La madre de Haroldo, por ejemplo, se había divorciado del padre de Haroldo y se había casado con un tipo divorciado. El padrastro de Haroldo tenía una hija de 11 años que podía tocar el Danubio Azul exprimiéndose una mano en la axila, lo cual enloquecía a la madre de Haroldo. La madre de Haroldo le gritaba mucho al marido.
—
¡Mamá, no!
Víctor contuvo al padre. Venancinho, que estaba con la boca abierta y con los ojos muy abiertos desde el inicio de la discusión —la peor hasta entonces— decidió que lo mejor era saltar de su puesto y buscar un lugar neutro en el comedor.
Después de aquella escena, no había nada más que hacer. La pareja tendría que separarse. Los abogados se encargarían de todo. Ellos no podían volver a verse.
Ahora era Nora quien consolaba a Vera. Los padres eran así. Ella tenía experiencia. La familia era una institución podrida. Sola, frente al espejo, Vera imitaba la boca de desdén de Nora.
Y se pasaba los dedos con fuerza por los ojos, para que se pusiesen colorados. Todavía no tenía ojeras, pero vendrían con el tiempo. Sería amarga y agresiva. La pálida hija de un hogar destruido. Un toque de polvo de arroz podría ayudar.
Víctor y Venancinho salían los domingos con su padre. Una vez fueron al Maracaná con Sergio, el padre de Sergio y la novia del padre de Sergio, la joven que hacía teatro. El padre de Sergio le preguntó a José si no le gustaría conocer a una amiga de su novia. Así podrían hacer más programas juntos. José dijo que le parecía que no. Necesitaba tiempo para acostumbrarse a la situación. Sabes como es.
—
¿Crees que algún día podamos volver a vivir
juntos?
Cuando los niños se vayan de casa. Entonces estaremos libres de las convenciones sociales. Ya no necesitamos mantener las apariencias. Ahora bésame.
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