Cantaclaro el hijo del viento

CANTACLARO EL HIJO DEL VIENTO

 Carmen Delia Bencomo 



Cansado el viento de tantas murmuraciones sobre su vida errante y el desconocimiento de muchas personas, acerca de su ayuda a la tierra, decidió una mañana hacer un pájaro.

¡Cantará como el agua! dijo, y llamó a la brisa, la fuente y la luna, sus amigas, para pedirles un poco de frescura, música y luz.

Varios días y varias noches inventaron plumas, unieron colores, probaron campanas y por fin el pájaro quedó listo. Le dieron por nombre Cantaclaro. El viento, la luna, la brisa y la fuente desearon que todos lo conocieran, y llamaron a la nube y ésta, al escucharlo, lloró de alegría. Una fina lluvia bañó la tierra y, como hacía un día claro, el Sol recogió su llanto y lo convirtieron en arcoíris.

Después vino la mariposa recién salida de la crisálida y cuando lo escuchó se fue a contarlo de flor en flor.

Y llegaron los niños de la escuela, quienes para acompañar sus canciones se pusieron a danzar.

Entonces la brisa, la fuente y la luna lo enviaron a la fiesta del bosque, donde ofrecían un premio al mejor cantante y a la más linda canción.

¡Canta sin miedo! ¡Sé fuerte y valiente para sostener tu canto! - le dijo el viento.

¡Canta siempre con voz dulce y alegre! Repite los sonidos con claridad y belleza - le dijo la brisa.

¡Canta con la frescura del agua! - le dijo la fuente.

¡A tus cantos agrega un poco de mi luz! - le dijo la luna.

Cantaclaro llegó al bosque donde estaban reunidos todos los pájaros y cuando le tocó su turno, lo hizo sin olvidar los consejos de su padre y sus protectoras.

Una fuente lo invitó a silbar. Detenidamente lo miró con sus ojos de agua limpia y le preguntó:

¿Quién eres? ¿Quién te envía? ¡Silbas muy hermoso! - Y Cantaclaro calló tímido y emocionado.

¡Tienes la magia de la luna y la frescura de la brisa! - le volvió a decir la fuente. Cantaclaro sonrió, batió sus alas y cantó con más alegría. La fuente lo llevó a presencia de la rosa.

Rosa, este pájaro canta como el viento, la brisa, el agua.

-          Lo llevaremos al árbol de la vida - dijo la rosa y lo acompañó hasta el corazón del bosque.

¡Mira! ¡Te traemos el hijo del viento! - dijeron sus amigas - Debe ser fuerte como su padre y sus canciones frescas y suaves como la brisa, la luna y el agua - dijo el árbol de la vida, y Cantaclaro, estimulado con aquellas palabras, cantó y cantó…

¡A mí también me gusta! - dijo el árbol de la vida.

Las hojas de los árboles, las aguas del río y las fuentes; los otros pájaros y el pueblo entero conocieron del triunfo de Cantaclaro, y él, muy contento, regresó a su casa donde lo esperaban sus padres y amigos.

¡Hijo, vienes vencedor! - le dijeron - ¡Cuánto habrás sufrido! ¡A qué duras pruebas te someterían! ¡Cuántas palabras de elogio dirían en tu presencia! Mas, no debes envanecerte. Sigue con tu humildad, siendo cada vez mejor, para que todos comprendan la utilidad del viento y la gran ayuda que prestas a los demás.

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