El cigarrón blanqueado

 EL CIGARRÓN BLANQUEADO

Francisco Pimentel   


Percance de aviación

o quizás escasez de gasolina

el caso es que cayóse un cigarrón

en un saco de harina.

 

Se quedó, desde luego,

sin poderse mover y medio ciego,

mas sacudióse al ­fin y, aunque cansado,

muy contento salió de aquel apuro,

pues era un cigarrón bastante oscuro

y se encontró blanqueado:

presentaba el aspecto

de un Pierrot singular el pobre insecto.


 Aunque es rara la cosa,

se le subió la harina a la cabeza

y requebró a una blanca mariposa

perteneciente a la mayor nobleza.

 

Mas cuando le propuso

que con él se fugara,

la mariposa se le rió en la cara

y como un suelo, sin piedad lo puso.

 

Desengañado entonces nuestro insecto

a su casa volvió, donde tenía

una cigarroncita cuyo afecto

antes de su aventura poseía.

Y le salió la criada respondona

porque la despechada cigarrona

echóle de su lado

diciéndole: Anda, vete:

porque las mariposas te han echado,

¿vienes a mí, de nuevo enamorado?

Pues eres un zoquete

y yo mi amor te arranco:

soy negra y nada quiero con un blanco.

 

Quedó así la alimaña vanidosa

en situación asaz desagradable:

nada es más lamentable

que no ser cigarrón ni mariposa.


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