Los hombrecitos del semáforo
LOS HOMBRECITOS DEL SEMÁFORO
Luis Britto García
Nadie sabe cómo quedaron
prisioneros dentro del semáforo esos hombrecitos luminosos que indican que se
puede avanzar o hay que detenerse. Dentro de cada semáforo se desangra el
hombrecito rojo, que para mayor irrisión ordena a todo el mundo detenerse, como
queriendo consolarse de su encierro al tener a los peatones prisioneros en las
aceras. El hombrecito rojo se desangra porque lo asesina el hombrecito verde
que camina. Pero el gesto del hombrecito verde deja dudas, porque por más que
aparezca en actitud de huir no va a ninguna parte. Los más lastimosos son los
hombrecitos verdes de los semáforos de Estambul, que están animados y tratan de
correr sin salir jamás de su oscuro redondel, y que al igual que nosotros
corren cada vez más rápidamente sin avanzar a medida que su tiempo efímero se
agota. A medianoche suena el canto de un almuecín que los libera, y todos los
laberintos de las callejuelas relampaguean de hombrecitos verdes que corren y
corren queriendo ser césped antes de que llegue el sol y de nuevo los encierre.

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